Susan tardó dos años finalmente en sentirse lo suficientemente bien para volver al trabajo. Esos años habían sido un gran ajuste, tanto físico como financiero. Griffin, quien había crecido acostumbrado a un cómodo estilo de clase media que disfrutaba de televisión por cable con todos los canales codificados, se quejaba, lo cual era comprensible, de algunas concesiones para bajar los costos, tal como alquilar películas en la biblioteca para ahorrarse unos pesos. "¡Ay, mamá!", se quejaba, "la biblioteca sólo tiene unas malas y viejas películas de clase G como Benji cuando tú eras una niña".
Ahora que Susan estaba saludable otra vez, tenía que elegir: ¿quería intentar trabajar en forma independiente otra vez, o debía intentar algo más seguro e ir a trabajar con otro estudio de arquitectos de reconocido prestigio? Después de todo lo que había pasado, la idea de trabajar para alguien más le atrajo. Era menos problemático y podía conseguir un seguro médico mediante su patrón. Por otro lado, Susan sentía que casi lo había logrado antes del accidente. Quería intentarlo una vez más.
Sin embargo, tenía primero que aclarar un par de cosas. El no tener una cobertura médica le había costado casi todos sus ahorros. No quería volver a cometer el mismo error. También quería saber cómo su regreso al trabajo iba a afectar sus beneficios por discapacidad.
Tenía que hablar con un experto. Recordó haber conversado con un planificador de beneficios que la había ayudado antes cuando se encontraba en el hospital. Así que lo llamó una vez con la esperanza de que le diera algunas respuestas.
"Yo me acuerdo de usted, la arquitecta", le dijo Tom, el planificador de beneficios cuando Susan lo llamó. "Me alegro de que sienta mejor. Entonces, ¿cuáles son sus planes ahora?"
Susan le explicó su último apuro: quería volver a trabajar en forma autónoma, pero no quería cometer el mismo error que antes.
"Puedo entenderlo perfectamente", Tom hizo una pausa al darse cuenta de que quizás estaba siendo un poco descortés. "Quiero decir, hay formas para que los trabajadores autónomos consigan una cobertura médica. En su caso, Susan, puede acceder a un seguro médico y una cobertura de discapacidad a largo plazo mediante la asociación de arquitectos del estado. Las asociaciones profesionales a veces brindan esos servicios a sus miembros." Tom también le dijo que podía inscribirse voluntariamente en el programa del seguro de discapacidad del estado, el cual le pagaría más de la mitad de su ingreso si algo ocurriera.
"¿Y qué sucederá con mis cheques del Seguro Social? ¿Aún los recibiré si comienzo a trabajar otra vez?", preguntó Susan.
"Eso es un poco más complicado", respondió Tom.
Tom le explicó la versión abreviada: ella continuaría cobrando su cheque del SSDI de $950 por lo menos durante sus primeros nueve meses cuando volviera a trabajar, lo que daría alguna flexibilidad mientras impulsaba y echaba de nuevo a andar su negocio. Podía optar por continuar sus beneficios de Medi-Cal inscribiéndose en el programa para trabajadores discapacitados de California 250%, pero tendría que pagar una prima y no calificaría más para el programa si sus ganancias o ahorros aumentaran mucho.
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| Susan encontró una cobertura médica grupal privada mediante su asociación profesional. | |
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Luego de su conversación con Tom, Susan se movió rápidamente. Se inscribió en una cobertura médica grupal privada mediante la asociación de arquitectos, y eligió dejar su intervalo de Medi-Cal para que pudiera reconstruir sus ahorros. También se inscribió en una cobertura optativa de discapacidad del estado. ¡Estaba entusiasmada! Quizás, ahora, las cosas podrían volver a su curso normal en un futuro cercano, y esta vez lo iba a hacer bien.
Cuando Griffin volvió de la escuela, Susan lo abrazó antes de que pudiera sacarse la mochila.
"¿Qué te pasa?", le preguntó el adolescente.
"¿Y si vamos a alquilar una película?", le sugirió Susan.
"¿Qué vamos a ver esta noche mamá, Lassie?"
Susan sonrió. "Súbete al auto".
Cuando pararon delante de Blockbuster, Griffin no podía creerlo. "¿Quieres decir que no veremos Benji de la biblioteca esta noche?"
"Así es, querido", dijo Susan. "Elige lo que quieras de la sección de estrenos de películas".
"¡Oh, muchas gracias ma!", Griffin le dio un beso en la mejilla, cogió su tarjeta de Blockbuster y saltó fuera del auto. Susan comenzó a temer que le había dado demasiada libertad para elegir el entretenimiento de la noche.
"¡Escucha!", le gritó, "no traigas nada demasiado sangriento".
"Está bien", gritó Griffin a su vez, "no alquilaré Cujo".